¿Puede una sola patente tambalear el negocio de los smartwatches más famosos del mundo? Si eres de los que sigue la batalla entre gigantes como Apple y los titanes de la tecnología médica, lo que pasa con el Apple Watch Ultra 2 y la demoledora multa de 634 millones de dólares que debe pagar la compañía de Cupertino te interesa. Porque, aunque cueste creerlo, hasta los portátiles más «cool» tienen talón de Aquiles… y a veces se llama oxígeno en sangre.
La guerra por el oxígeno: Apple vs. Masimo
Todo comenzó hace ya unos años, en 2020, cuando Masimo, empresa puntera en dispositivos médicos, decidió plantarse ante Apple. Según los californianos de Masimo, la mítica manzana se había colado en su jardín tecnológico usando sin permiso una de sus joyas: la patente sobre monitorización no invasiva de oxígeno en sangre, ese sensor que transforma a tu Apple Watch en tu «pulsera salva-vidas».
No era la típica pelea por el diseño de una correa o el color de la pantalla. Nada de eso. Esto iba sobre la función estrella que millones de usuarios llevan en su muñeca y que Apple, al parecer, no desarrolló sola. Masimo les denunció en el tribunal del Distrito de California –donde las guerras tecnológicas se traducen en cifras de vértigo y sentencias que reescriben las reglas del juego.
El veto que paralizó la venta de Apple Watch en Estados Unidos
Todo se intensificó cuando, en diciembre de 2023, la Comisión de Comercio Internacional de EEUU dictó sentencia: Apple infringía la dichosa patente. ¿Consecuencias? Prohibidas (por un momento) las ventas de los Apple Watch Series 9 y Ultra 2 en el coloso mercantil estadounidense. Un terremoto para la compañía… y para los fans, que vieron cómo, de pronto, el wearable más deseado desaparecía de las estanterías.
Apple, como era de esperar, no tardó en reaccionar. Presentó su habitual batería de recursos legales y consiguió –temporalmente– que los relojes volvieran a la venta mientras la apelación seguía su curso. Pero la presión ya era insostenible: tocaba adaptar el programa y rediseñar la funcionalidad, aunque eso supusiera eliminar, durante un tiempo, la revolucionaria opción de medir el oxígeno en sangre en los modelos más recientes.
Retocando la «fórmula mágica»
En una jugada rápida, Apple anunció versiones sin medición de oxígeno para poder seguir vendiendo sus smartwatches en EEUU. Un mal menor, quizás. Pero la herida de esta batalla tecnológica ya estaba abierta, y la incertidumbre sobre el futuro de los relojes smart se sentía en cada actualización de software.
La sentencia millonaria: 634 millones de dólares que hacen historia
En agosto de este año, la función finalmente regresó a los dispositivos, pero la guerra judicial no daba tregua. Ahora, la justicia estadounidense ha sido tajante: Apple deberá pagar a Masimo 634 millones de dólares (casi 550 millones de euros) por el uso indebido de la patente número 10.433.776. Y, sinceramente, la cifra asusta hasta a los que están acostumbrados a ver ceros en las cuentas bancarias.
Masimo lo ha celebrado como lo que es, según ellos, una victoria inapelable, necesaria para proteger la innovación en tecnología médica y asegurarse de que los esfuerzos por salvar vidas… se reconozcan. Por su parte, Apple ya ha dejado entrever que recurrirá la sentencia, como buena multinacional de Silicon Valley. Pero el mensaje es claro: la creación tecnológica vale oro, y las patentes –a veces invisibles para el usuario– pueden costar mucho más que una campaña publicitaria.
¿Qué podemos aprender de esta batalla tecnológica?
- Las patentes, lejos de ser simples papeles, son auténticos pilares en la guerra comercial de la innovación.
- Incluso los grandes del hardware y el software pueden tropezar legalmente cuando se trata de salud digital.
- Para el usuario, estas disputas significan más que rumores: afectan directamente las funciones disponibles en gadgets que usamos a diario.
¿Volverá Apple a dejar fuera la medición de oxígeno en próximas versiones? Imposible saberlo. ¿La multa cambiará el ritmo de la innovación? Quizás sirva de advertencia a quienes intentan saltarse las reglas. Por ahora, Apple paga y Masimo sonríe. La próxima batalla puede estar más cerca de lo que pensamos… y quizás afecte a nuestra propia muñeca.





