¿Alguna vez una reunión virtual te ha dejado con una sensación rara en el cuerpo, como si algo no encajara del todo? Tal vez fue ese momento en que la voz de tu colega llegaba medio cortada o la imagen del doctor titilaba con retardo. Esas pequeñas fallas, mucho más cotidianas de lo que creemos, pueden influir directamente en cómo juzgamos a la persona al otro lado de la pantalla. Y sí, podrían estar perpetuando desigualdades sin que nos demos cuenta.
El lado oscuro (y psicológico) de las videollamadas
La videoconferencia se ha convertido en el pegamento que mantiene unida a la sociedad digital: profes, doctores, equipos que trabajan desde cualquier rincón del planeta… Pero, ¿qué ocurre cuando la tecnología patina y ese contacto de “tú a tú” se distorsiona? Un grupo de investigadores de la Universidad de Cornell y la Universidad de Missouri-Kansas City puso la lupa en ese preciso instante incómodo. Su conclusión, publicada en Nature, va más allá de lo técnico y apunta directo a la psicología humana.
Cuando la imagen se congela o el audio se retrasa, nuestra mente lo detecta como algo extraño. Ese pequeño fallo activa lo que el mundillo científico llama el “valle inquietante”: un fenómeno clásico del mundo de la robótica pero que, ojo, también afecta a las llamadas con vídeo. Básicamente, se trata de la desazón que sentimos cuando lo digital simula ser tan humano… pero no lo es por completo. Como un robot que casi parece una persona, pero da yuyu.
Los juicios personales y sus consecuencias reales
Este mal rollo tecnológico, lejos de quedarse en lo anecdótico, puede manchar nuestras opiniones sobre el interlocutor. ¿El resultado? Nos volvemos más críticos o desconfiados. Así, pequeñas imperfecciones digitales pueden atravesar pantallas y desembocar en decisiones importantes: ¿Contratarán a esa persona en una entrevista por Zoom? ¿El médico será tan considerado por videollamada? ¿El preso obtendrá la libertad condicional?
- Más fallos en la videollamada = percepción más negativa
- Más percepción negativa = decisiones desfavorables hacia la persona al otro lado
- Y todo esto, de manera tan sutil que ni lo notamos
¿Una nueva barrera para la igualdad?
Por si fuera poco, el estudio destaca otro asunto clave: no todos los hogares tienen la misma calidad de conexión. Aquellas personas con menos recursos, que usan el WiFi que apenas llega o cámaras antiguas, acaban sufriendo más estos ‘ruidos’. El resultado, aseguran los expertos, es que pueden verse perjudicadas en sectores decisivos —salud, trabajo, incluso el sistema judicial— perpetuando las desigualdades sociales de toda la vida, ahora en formato digital.
¿Hay solución al valle inquietante digital?
Por ahora, la mejor receta es la consciencia. Saber que esas pequeñas trabas técnicas pueden sesgar nuestro juicio es el primer paso. Las empresas tecnológicas, claro, siguen buscando eliminar retardo y distorsiones. Pero en el mientras tanto, quienes participamos en este ecosistema digital, necesitamos afinar nuestro ojo crítico y preguntarnos: ¿Estoy juzgando a la persona, o al glitch?
La videollamada no va a desaparecer, pero entender su lado oculto es vital para construir una sociedad más justa y empática, incluso delante de una pantalla parpadeante.
La próxima vez que falle el vídeo, dale otra oportunidad al interlocutor. Quizá… sólo quizá, el fallo está en la conexión, y no en la persona.




